
Que un niño o una niña se frustre cuando falla no significa automáticamente que tenga un problema. El error forma parte del deporte. Lo que sí conviene observar es qué ocurre después del error.
Hay jóvenes deportistas que fallan, se enfadan un momento y siguen. Otros, en cambio, se vienen abajo, lloran, se bloquean, dejan de intentarlo o entran en una espiral de autocrítica.
En esos casos, el error deja de ser una parte normal del aprendizaje y empieza a convertirse en una amenaza.
No todos los errores pesan igual
Para un adulto, un fallo puede parecer una acción sin demasiada importancia.
Un pase mal dado.
Un tiro fallado.
Una mala salida.
Una pérdida.
Una decisión equivocada.
Pero para un joven deportista ese error puede significar mucho más.
Puede sentir que ha decepcionado a su entrenador, que sus padres se van a enfadar, que sus compañeros van a juzgarle o que ese fallo demuestra que no es suficientemente bueno.
Por eso no siempre reaccionan al error en sí, sino al significado que le dan.
El problema no es fallar, sino hundirse después
El objetivo no debería ser que un joven deportista no falle. Eso sería imposible y poco saludable. El objetivo es que aprenda a fallar mejor. Fallar mejor significa:
- entender que el error forma parte del aprendizaje;
- poder seguir participando después de equivocarse;
- distinguir entre una acción mala y “soy malo”;
- aceptar la frustración sin quedarse atrapado en ella;
- aprender algo del error sin machacarse;
- recuperar la atención para la siguiente acción.
Esto no se consigue solo diciendo “no pasa nada”. A veces sí pasa. Puede doler, puede frustrar y puede importar. Pero se puede aprender a responder de otra manera.
Qué puede hacer la familia
La familia tiene un papel muy importante, no porque sea culpable de lo que ocurre, sino porque forma parte del entorno emocional del joven deportista.
A veces, con buena intención, los adultos mandamos mensajes que aumentan la presión. Por ejemplo:
“Hoy tienes que demostrar lo que vales”.
“No puedes fallar eso”.
“Con todo lo que entrenas, deberías hacerlo mejor”.
“Te has venido abajo otra vez”.
“Es que cuando te pones así no hay manera”.
Estas frases pueden salir desde la preocupación, pero el mensaje que recibe el menor puede ser otro: “si fallo, decepciono”.
Cuidado con convertir el deporte en un examen
Muchos jóvenes empiezan haciendo deporte porque disfrutan pero poco a poco pueden sentir que cada partido es una evaluación: Del entrenador, de la familia, de los compañeros, de ellos mismos…
Cuando el deporte se convierte en un examen constante, el error pesa mucho más, y cuando el error pesa demasiado, el deportista deja de jugar libre, decide peor, arriesga menos y se protege más.
En vez de aprender, intenta sobrevivir emocionalmente a la competición.
Cuándo pedir ayuda
Puede tener sentido pedir orientación si el joven deportista se bloquea con frecuencia, llora o se enfada de forma muy intensa, ha perdido motivación, tiene miedo a competir o la relación con el deporte se está volviendo una fuente de sufrimiento.
La psicología deportiva infantil y juvenil no busca presionar más al deportista, busca ayudarle a entender lo que le ocurre, gestionar mejor sus emociones y vivir el deporte de una forma más saludable.
¿Te resulta familiar?
Si tu hijo o hija se bloquea cuando falla o está viviendo el deporte con demasiada presión, puedes escribirme para valorar la situación.